MACHISMO ELECTORAL
Porque –seamos sinceros- a eso se refiere el “dale +a” de
los afiches que empapelaron la CABA. El
Frente Renovador de Sergio Massa despertó pasiones homotextuales entre
duhaldistas. Tiempo atrás, el intendente de Tigre ya había expresado, a poco de
abandonar la Jefatura
de Gabinete, sus apetencias de macho joven y sus relucientes ambiciones
presidenciables.
Pasaron casi cuatro años desde aquel encuentro en la casa de
un colaborador cercano. Jorge O´Reilly había organizado la cena con la
embajadora de los Estados Unidos Vilma Socorro Martínez. Entre plato y plato, según
los cables, Massa habría dicho “Kirchner no es un genio perverso. Sólo es un
perverso”. (Santiago O´Donnell en Argen Leaks, página 213). Además, allí definió al ex presidente como un
marido controlador y a la presidenta “sumisa y distante, que estaría mucho
mejor sin Néstor que con él.”
OHMmmmmm…, es menester sofrenar los pensamientos
conspirativos.
Claro, “él” era el macho alfa de la manada. Massa debía
derrotarlo para cumplir su objetivo de liderar las huestes, bajo los servicios
foráneos.
De ahí el “dale masa”: expresión elegida por Unión Popular para
disputarle la Ciudad
de Buenos Aires al kirchnerismo en las próximas elecciones. Pero se equivocan. Confunden
popular con vulgar, al recurrir a una arenga chabacana, utilizada para definir
situaciones de galanteo poco poético; escarceos más genitales que amorosos. Y
de eso se trata, de la falta de amor en aquellos que aceptaron el 30 por ciento
a regañadientes. Y que vivieron como traición de género el incondicional apoyo de
NK a la candidatura presidencial de CFK. Ninguno de ellos lo hubiera hecho. Ni
Perón lo hizo. Seamos honestos, la llegada de Isabel Martínez a la presidencia
no fue porque el viejo líder viera en ella una gran dirigente, sino más bien
alguien a quien se podía manejar. No era el caso de Eva Duarte, y él lo supo.
Sus seguidores, puestos a cumplir formalmente con los
tiempos de ampliación democrática, ofrendaron también a sus propias esposas:
chiches pasadas y agustinas recientes, para ocupar las bancas del cupo femenino.
Todas, “señoras de”. Al igual que Kiwita Stewart, más que por sus logros, son
conocidas por el vínculo matrimonial que exhiben. Y no es traída en vano “la
mujer de Jorge Lanata”, como él la presenta. Porque, aunque el animador no es
político (y mucho menos diplomático), sí denota cierta misoginia propia de una
rancia estirpe machista argentina. Lanata, como tantos otros, detesta ser
gobernado por una mujer. Esos sentimientos malsanos lo llevan a burlarse de CFK,
a través de una imitadora mujer (aunque la mejor parodia de la presidenta fue
hecha por un hombre). Su animosidad lo deja mal parado en vivo y en directo,
cuando maltrata a una compañera de trabajo. Sin el menor cariño ni apego, no ya
respeto, llega a decirle públicamente “no seas tarada”.
¿Existe una expresión más descalificatoria de la mujer? ¿Hay
en la memoria femenina alguna otra frase tan dolorosa? ¿Tienen los hombres
mayor artillera pesada y recurrente, que
tratar a una mujer en esos términos?
Obviamente, esto se hace presente al comienzo de las hostilidades. Cuando
todavía no existe la agresión física, políticamente incorrecta. Aunque algunos
musulmanes y comunidades cristianas han llegado a enseñar el modo en que se le
debe pegar a una mujer. En esos pequeños seminarios machistas hacen hincapié en
qué es inútil pegarle porque no entiende, entonces la mejor estrategia es
propinar certeros golpes en zonas determinadas del cuerpo no-amado.
Porque, volvamos a recordarlo, -de eso se trata, de la
ausencia de amor.
A contrapelo de las tendencias machistas en política, el amor
de NK le hizo reconocer en su esposa y compañera de militancia a la gran
estadista que necesitaban los argentinos. Por eso –tal vez presintiendo que no
estaría para contenerla con sus abrazos- pidió cuidar a esa mujer coraje. Cuando muchos
creyeron que había armado un gobierno títere, sus palabras reflejaban una
admiración inusitada. Sabemos que esto no es lo habitual. Algunos hombres se
contentan con tolerar a su partenaire sexual. No se atreven a aceptarla como
compañera. Sin ofender. Por supuesto, hay honrosas excepciones y de una de
ellas se trata. Del hombre que con su amor supo cobijarla de las embestidas de empresarios
ruralistas y mediáticos. No ahorraron en epítetos zoológicos y psicodiagnósticos
oscurantistas.
Después, sobrevino la viudez temprana. Algunos brindaron con
champagne, porque vislumbraron un quiebre en su carácter. Más tarde, su salud
amenazada entusiasmó con un retiro prematuro. Lloró en público durante los
discursos. No escondió sus sentimientos. Todo lo contrario, participó a todos de
su dolor, de una manera íntima. Algunos no respetaron el luto y comenzaron a
conspirar por lo bajo. “Con Néstor era distinto. Era hombre.”, decían sindicalistas
con sorna. Todavía no se atrevían a romper con ella. Recientemente, lo supremos
jueces se tentaron a medir varas con la presidenta. Ahora es el turno de los
políticos, propios y ajenos. Esos que dicen -como el Pepe-, que con ella son
más difíciles las negociaciones, porque es terca, porque no escucha. Entonces,
todos sabemos que el apelativo es utilizado para describir la conducta de una
mula: cruza de yegua con asno o burro. ¿Y van?...Cuánta violencia de género,
implícita y explícita! El machismo no perdona que una mujer ejerza el poder…y
lo haga mejor que muchos hombres.
Claro, esperaban encontrar una donna más débil en su soledad
impuesta, menos enérgica y viril que su antecesor esposo. Alguien más
influenciable, o fácil de llevar por el derrotero marcado con sólo algunos
toques a su psicología femenina, acostumbrada al trato de premios y castigos.
Pero, CFK es distinta. Se crió entre mujeres y abuelo. Muy joven conoció a un
ejemplar macho muy particular. Un hombre que se distinguió de sus congéneres.
Que rápidamente comprendió la necesidad del matrimonio igualitario y de la igualdad
de oportunidades para pacificar la vida social.
Ella fue más lejos; siempre lo hace, es un signo propio.
Recientemente, modificó el destino de las asignaciones familiares. Un tema
polémico. Quitó el manejo del dinero a los hombres divorciados. Así, terminó
con los abusos. Puso fin al padecimiento de un gran número de mujeres que, con
causa judicial y sentencia, debían mendigar la cuota alimentaria; mientras el
ex recibía todos los meses con su sueldo el beneficio familiar, y disponía a
discreción. Ahora lo cobran directamente las madres. Con gran sensibilidad
social para gobernar, CFK comprendió que son ellas las que habitualmente cargan
con la prole ante una separación o divorcio. Son ellas las que tienen que
apechugar y poner la cara cuando la comida no alcanza o el recambio de
zapatillas y ropas se demora por insuficiencia económica.
¿Y su mejor decisión? No se anota en ningún concurso
machista. Compite sólo por los votos del pueblo. Honra su condición femenina.
Virginia Márquez
27-6-2013; 22,30.