lunes, 17 de septiembre de 2012

COCODRILO A LA CACEROLA



COCODRILO A LA CACEROLA

Ella sabe qué hacer. No importan los ingredientes, siempre se arregla con lo que hay a mano. A primera vista, cualquier desprevenido puede pensar que lo hace de un modo artesanal. Sin embargo, se sustenta en esa visión anticipatoria que sólo algunos pocos poseen, y que le brinda solvencia en la ejecución. Así, decide cuál es la mejor forma para lidiar con la realidad circundante.
Tiene un método, o al menos pareciera que lo tiene. Aprendió a gobernar el espacio ganado sin sobresaltos, sin dar cabida a quienes tan sólo buscan un rédito pecuniario en la provocación o, aquellos cuya única propuesta es la vacua descalificación. Transita los andariveles más estrechos y los senderos de espinas, con serenidad y aplomo. Por sobretodo, sabe tomar distancia espacial y temporal para que surja el buen análisis sin prejuicios ni amañados.
La eficaz y pragmática estocada es la respuesta típica; también para los reclamos de bazar. Esos que salen de la cocina como una batería loca y, en disfuncional reparto, arrastran utensilios y humanos a una danza quimérica; una Babel, donde cada uno habla su propio idioma sin importar qué piensa o dice el de al lado, el próximo.
 Mientras la manifestación de intolerancia –promovida exhaustivamente durante casi un mes en el ciberespacio- mostraba su peor rostro; ella les inauguraba un establecimiento textil en San Juan. Por ironía del destino –porque de ser premeditado, estaríamos frente a una jugada genial- las instalaciones pertenecen a una marca emblemática para quienes reclaman su “derecho a diferenciarse del resto, a no ser iguales a los otros”. Quienes buscan sentirse especiales por lo que llevan puesto o pueden comprar, tendrán una nueva planta que producirá prendas con el logotipo del cocodrilo: tradicional signo de distinción para algunos argentinos. Obviamente, no llega a ser una chomba de suave y fino algodón, como esas que Camila Parker Bowles le compraba al Príncipe de Gales en Savile Row. Pero, pertenece a una firma decidida a defender los privilegios sociales. Meses atrás tomó estado público un pedido que le habrían hecho a Los Wachiturros, para que dejaran de exhibirse en sus presentaciones con sus modelos exclusivos. La movilidad social les quebraba la estrategia de marketing.
He aquí el quid de las exigencias de menaje. La razón esgrimida ha sido la supuesta represión gubernamental, que limita sus libertades para comprar dólares y otros menesteres evasores. Para sustentarlo, citan el artículo 14 de la Constitución Nacional. Sin embargo, en Declaraciones, Derechos y Garantías, la Carta Magna nada dice sobre DERECHO A SER DISTINTO AL RESTO (verdad de Pero Grullo, si las hay). Tampoco, el pedido se refiere a la serie de ampliaciones inclusivas, que refrescan el cúmulo de libertades ciudadanas; sino todo lo contrario. El goce conjunto –todos gozando de los mismos derechos- parece que a algunos les despierta escozor.
Hay una anécdota que puede ayudar al discernimiento. De costumbre, las diferencias sociales obedecen a estereotipos aprendidos al paso. Probablemente, hojeando páginas a la espera de un coiffeur o una manicura. Aunque esta historia es muy antigua y probablemente de transmisión oral. Se refiere a los dichos de una princesa al día siguiente de su boda. En la mañana, salieron con el príncipe consorte a saludar a los súbditos agolpados bajo su balcón. Repentinamente, ella preguntó si la plebe hacía lo mismo que ellos la noche anterior. Al asentimiento de su esposo respondió –Es demasiado bueno para ellos. La cita se refiere a la mezquindad de pretender tan sólo para sí, y ningún otro, aquello que brinda satisfacción, gratificación, bienestar. Como si la popularidad de un hecho amenazara con su extinción.

Después de la indignación y las reprobaciones, debemos celebrar la libertad de expresión reinante.  Esta puesta en escena de sentimientos inconfesables ha de ser bienvenida. Evidentemente, las últimas políticas han pateado un hormiguero. Ese mismo que otrora por túneles secretos conspiraba en las sombras, hoy ha de hacerlo a superficie, a la vista de todos y grabado a ultranza por lo medios hegemónicos. Ahora dieron la cara. Dio su apoyo el rabino Bergman sin inmutarse por las esvásticas que acompañaron la manifestación. Dio la cara Patricia Bullrich junto a Natasha Hait y otros jóvenes en confusa desnudez. Tal vez la libertad reclamada sea referida a una sexualidad orgiástica? En la multiplicidad de consignas, podría ser una más. O, tal vez, una oportunista publicidad indirecta de exclusiva ropa interior.
Virginia Márquez

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